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La RACAL critica severamente la proyectada remodelación del espacio del Jardinillo de la Plaza de la Hispanidad de cuenca

La considera un disparate urbanístico y una agresión a la memoria ciudadana

En su reciente sesión del presente mes de mayo la Asamblea de la Real Academia Conquense de Artes y Letras acordó hacer pública su postura, muy crítica, tanto sobre las características de la proyectada reconfiguración del espacio urbano del Jardinillo de la Plaza de la Hispanidad de Cuenca en el que se ubica el Monumento a los soldados conquenses muertos en la Guerra de África, reconfiguración que se llevaría a cabo dentro de las anunciadas obras de remodelación la calle Carretería, como sobre el proceso seguido a cabo para diseñarla. Transcribimos a continuación el texto íntegro de la comunicación que la RACAL dirige a este respecto a la opinión pública y que está publicado en su blog

En el blog también aparece un artículo del historiador y profesor Herminio Lebrero sobre este paraje urbano conquense.

Un disparate urbanístico, una agresión a la memoria ciudadana

Fuera de las escuetas notas oficiales dadas a la prensa y la radio, muy poco ha trascendido en realidad del proyecto municipal para la reforma de Carretería y sus aledaños. Tras ocultar el proceso de elaboración, se ha abierto ahora un corto período formalmente destinado a presentar alegaciones al texto dado a conocer, dirigidas a corregir fallos o errores y proponer soluciones alternativas. No hay garantía alguna, sin embargo, de que siquiera vayan estas a debatirse ni menos a tenerse en cuenta.

Participar en las decisiones de alcance por el volumen del gasto y la repercusión sociales es un trámite obligado sin excepción por la normativa vigente, no una concesión benévola a los administrados por parte de quienes gobiernan. La envergadura económica y urbanística de las actuaciones previstas exige sin excusa que el procedimiento se lleve a cabo con transparencia adecuada y justificación previa, teórica y técnica. Aun así, nadie ha podido exponer con detalle los problemas que atañen a quienes viven en estas calles céntricas o las frecuentan por motivos diversos. Nadie tampoco ha podido razonar sus reservas ante los inconvenientes que podrían derivarse de cuanto se pretende llevar a cabo sin debate alguno. No sólo sorprende a cualquiera la oscuridad que empaña al proyecto acordado. Indigna más bien el inapelable ordenancismo con que proceden las autoridades locales en un asunto de singular sensibilidad que afecta a la vida de los ciudadanos y cuyo presupuesto de ejecución, no importa qué institución lo respalde, procede del bolsillo de los contribuyentes. 

Dicho esto, no entra la Real Academia a valorar o cuestionar las razones técnicas donde se sustenta este plan porque es a los profesionales competentes a quienes concierne hacerlo. Queremos en cambio denunciar con toda contundencia el atentado que se pretende llevar a cabo contra el monumento que se alza en la Plaza de la Hispanidad. Pieza sobresaliente del patrimonio urbano de la ciudad moderna, su paulatina configuración compendia el devenir de ésta, enlazado con la historia de España. Hace más de un siglo, hacia 1906, decidió el Ayuntamiento mejorar en lo posible el espacio que se abría en torno al antiguo convento de San Francisco donde La Carretería terminaba. Aspiraba aquella actuación a que el lugar dejase por fin de ser fangoso o polvoriento, según la estación del año, y lo adornaron con un mínimo jardincito protegido desde entonces por una valla metálica de estética modernista. Las imágenes que de aquel empeño loable nos han llegado corroboran lo generoso de plantar un árbol, dado que muy pocos de quienes lo hacen llegarán a disfrutar de su sombra. Poco a poco fueron las plantas haciendo ameno aquel sitio protegido por una barrera más bien simbólica. Era un parterre mínimo, capaz de animar una encrucijada de calles donde más árboles jóvenes prometían sombra futura a los viandantes. Eran años de visible mejora en aquella parte todavía agrícola de la ciudad y los parques aliviaban su destartalada imagen mientras ofrecían solaz al vecindario. 

El ideario social y político vigente en cada sociedad busca mostrarse asignando espacios precisos donde rendir homenaje o conmemorar eventos destacables a juicio de quienes ejercen el poder. La dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930) buscó obtener una vacua legitimación social apelando al trágico honor de los soldados de Cuenca movilizados y muchos muertos en la abyecta guerra colonial del Rif (1921-1926). Pocas personas evocarán hoy entre nosotros aquellas circunstancias por más que un monumento, notable sin duda en lo artístico, las ponga de manifiesto a vista de todos desde 1927. Cada vez más céntrico el espacio se añadieron después al inicial otros homenajes. Al capitán Fermín Galán, mártir republicano, al dictador Franco nada más ganar la incivil guerra en 1939, a la presuntuosa Hispanidad con los socialistas otra vez en el Ayuntamiento y por fin a la bandera del Estado. Más de medio siglo hace, un Belén atrae cada Navidad la atención de niños y mayores. Árboles ahora majestuosos, cercanos y foráneos, césped y flores, hacen ameno este cabo de la calle peatonal más concurrida de Cuenca. Presentes como tenemos todos las gratuitas agresiones vandálicas que la ciudad padece en fachadas y sobre todo en monumentos, no deja de sorprender gratamente el respeto que hasta ahora ha merecido el duelo, trasmutado de materno en cívico, efigiado aquí por Marco Pérez. Llegados a este punto, queremos pensar en que el aislamiento vallado ha podido ser disuasorio. 

Parece que todo lo dicho ha resbalado a quienes, con palmaria ignorancia, han redactado y promueven ahora el deterioro, seguramente irreversible, de este singular referente histórico en una parte de la ciudad tan escasa de ellos. Desprecian el indudable encanto de un sitio que descalifican estimándolo rotonda, no se sabe si por tener traza poligonal o permitir en torno a él una circulación automovilística que ya no tiene lugar. Si hay o no normalidad entre quienes discrepan de un proyecto ignoto por opaco y que les concierne de manera directa deberá dilucidarse en clave democrática, norma vigente aún por fortuna en este país. Sin dejar de apelar a la obligada protección legal merecida por un conjunto monumental centenario al menos, la consideración final al disparate de pretender hacer transitable mediante veredas ridículas un jardín coqueto y mínimo propiciando con ello su maltrato y destrucción cuando tanto escaseamos de lugares verdes en el centro es elemental. Cui prodest? ¿A quién beneficia? Cui bono? ¿Para quién es bueno? ¿Para disfrute de qué vecindario? No cabe pensar mal siquiera ante el esperpento. Fuera de la obcecación cerril de alguien, no se nos alcanzan ni el beneficio ni la bondad de la decisión de suprimir, sin ventaja para nadie ni sentido alguno, una histórica verja artística protectora que, de llevarse a efecto, se sumará por sus consecuencias a los muchos desmanes urbanísticos que han venido y continúan afligiendo a nuestra ciudad. 

Para otra ocasión queda analizar la instalación de un permanente espacio escénico en el tramo inicial de la calle. Allí donde en otro tiempo, y abundan los testimonios gráficos, se instalaban las tribunas desde donde arengaban las jerarquías del Movimiento que presidían los desfiles falangistas. Arropados ahora por el gratuito atributo cultural que a tal edificación se otorga en el proyecto, los más variados festejos incomodarán sin amparo al sufrido vecindario próximo. Que haya en Cuenca un disparate más … qué importa al mundo.”