Exposiciones

El Museo Provincial de Cuenca inaugura una gran exposición dedicada a Bonifacio Alfonso con obras de la Fundación Antonio Pérez

La Sala Princesa Zaida reunirá grabados, pinturas y collages de uno de los artistas más singulares y menos reconocidos del arte español contemporáneo

La Sala Princesa Zaida del Museo Provincial de Cuenca de la JCCM inaugurará el próximo miércoles 10 de junio a las 11:00 horas la exposición “Bonifacio Alfonso, Grabado y Pintura en la Colección de la Fundación Antonio Pérez”, una muestra que podrá visitarse hasta el 1 de noviembre de 2026 y que reúne una cuidada selección de obras conservadas en los fondos de la Fundación Antonio Pérez.

La exposición, organizada conjuntamente por la Fundación Antonio Pérez y el Museo de Cuenca dentro del convenio de colaboración entre ambas instituciones, permitirá descubrir el universo creativo de Bonifacio Alfonso, uno de los artistas más interesantes, coherentes y, sin embargo, menos conocidos del último cuarto del siglo XX.

La muestra reúne pinturas sobre tela y papel, además de grabados realizados mediante técnicas como la litografía, el aguafuerte o la serigrafía, y se completa con la carpeta de aguafuertes Sopas y Manjares. A través de esta selección, el visitante podrá adentrarse en una obra profundamente personal, marcada por la experimentación constante, el gesto y la acumulación de imágenes.

Nacido en San Sebastián en 1933 y fallecido en 2011, Bonifacio mantuvo una estrecha relación con Cuenca, ciudad a la que llegó atraído por el influjo del Museo de Arte Abstracto Español. Fue Fernando Zóbel quien, tras conocerlo en Bilbao en 1967, descubrió su enorme potencial y le animó a instalarse en la ciudad, donde residió durante veintiocho años y estableció su estudio en la calle del Trabuco.

Durante su etapa conquense aprendió técnicas de grabado junto a Antonio Lorenzo y mantuvo relación con algunos de los grandes nombres del arte contemporáneo español, como Saura, Millares, Guerrero, Torner, Gerardo Rueda, Sempere o Rivera, además de consolidar una profunda amistad con Antonio Pérez.

En 1976 Antonio Pérez escribió junto a Fernando Zóbel y Antonio Saura el texto Del limbo al laberinto, dedicado a Bonifacio. Años después, la Editorial Antojos publicó Tomilleros, un libro de artista con doce serigrafías originales y un texto de Antonio Pérez. También participó, junto a Gustavo Torner, en el diseño de las vidrieras del ábside de la Catedral de Cuenca en 1989.

La trayectoria artística de Bonifacio Alfonso estuvo marcada por una producción constante y profundamente experimental. Sus obras son reflejo de la aglomeración de imágenes y de un permanente horror vacui, ese temor al espacio vacío que llenaba sus superficies de un dinamismo minucioso y casi obsesivo. Sus cuadros, grabados y collages están atravesados por una gestualidad intensa que solo encontraba límite en la propia superficie pictórica.

El artista construía y destruía constantemente sus composiciones, corrigiendo, deshaciendo y difuminando formas en un proceso donde el azar, la improvisación y el desorden organizado se convertían en el auténtico leitmotiv de su obra. Para ello utilizaba materiales muy diversos como lápices blandos, elementos grasos, collage y técnicas mixtas.

Durante sus años en Cuenca cultivó además una gran pasión por la entomología y la pesca, convirtiendo a los insectos en protagonistas de muchas de sus obras. Los cazaba y posteriormente los utilizaba como modelo para sus dibujos y grabados, realizados con una precisión minuciosa. En su universo plástico conviven personajes, objetos, animales y criaturas deformes en espacios indefinidos dominados por el erotismo, el deseo y una imaginación desbordante.

Muchas de sus composiciones están habitadas por seres extraños y formas delirantes nacidas de sus obsesiones, de la observación constante del mundo y de sus propias inseguridades. Sus cuadros funcionan como investigaciones permanentes sobre otras realidades, sobre el conflicto interior y sobre la propia pintura.

El propio Bonifacio definía así su relación con el arte: “Nunca he vivido el placer de la pintura… Para mí es un combate, un conflicto importante… Es como una ceremonia dramática. El cuadro es un objeto que te da vida o te la quita y, al igual que los toros, deja huellas”.

Su obra ha sido relacionada frecuentemente con artistas como Roberto Matta y con influencias de Antonio Saura, el grupo Cobra —especialmente Asger Jorn—, Gorky, De Kooning, Jackson Pollock o Wilfredo Lam, además de mostrar una evidente conexión con las pinturas rupestres de Altamira y las esculturas africanas.

A lo largo de su carrera expuso en algunas de las galerías más prestigiosas de España, como Juana Mordó o Antonio Machón, y recibió reconocimientos como el Premio Nacional de Grabado en 1993 o el Premio de las Artes de la Comunidad de Madrid en 2005. En 2007 el Círculo de Bellas Artes de Madrid le dedicó una gran retrospectiva titulada En los campos de batalla, acompañada del documental La cicatriz de la pintura.

Con esta exposición, Cuenca vuelve a rendir homenaje a uno de los artistas más singulares ligados a la ciudad, acercando al público una obra intensa, libre y profundamente personal que continúa ocupando un lugar destacado dentro del arte contemporáneo español.

Horario de visita:

  • Martes a sábado: 10:30 – 14:00 y 16:30 – 20:00 h
  • Domingos y festivos: 10:00 – 14:00 h
  • Lunes: cerrado

Sala Princesa Zaida (Museo de Cuenca) — C/ Princesa Zaida, 6 · Cuenca