Rozalén llena la Fundación Antonio Pérez y repasa su vida, de Letur a los escenarios, en una charla con Javi Collado
Había cola casi tres horas antes para escuchar a la cantautora, que habló de sus orígenes, de su llegada a Madrid y del parón en su carrera, y acabó cantando fandangos entre el público
Rozalén llenó el sábado 10 de octubre la Fundación Antonio Pérez en la tercera jornada de «Malos Tiempos para la Lírica», el ciclo de la asociación Babylon Festival. Desde las cuatro y media de la tarde, casi tres horas antes de la cita, ya había gente haciendo cola para coger sitio.
La conversación la condujo el músico Javi Collado, taranconero, a quien la artista conoció hace dos décadas en un voluntariado en Bolivia. Esa confianza se notó: la charla fluyó como entre amigos y recorrió su historia desde el principio.

De la rondalla de Letur al disco «Matriz»
El punto de partida fue Letur, el pueblo de Albacete al que su padre llegó como sacerdote y donde colgó los hábitos al conocer a la que sería su mujer. «Soy el resultado de una historia de amor dolorosa», resumió la cantante.
Recordó sus comienzos con la bandurria en una rondalla, una música de la que llegó a renegar y con la que acabó reconciliándose. De ese reencuentro con el folclore salió el disco «Matriz», en el que reunió a varios amigos músicos, entre ellos el propio Collado. Hubo sitio también para la provincia: su primera guitarra se hizo en Casasimarro y su primer festival fue el Caño-On de Tarancón.

Madrid, cinco euros la hora y una mano levantada
El salto llegó en 2010, cuando se instaló en Madrid. Compaginaba los estudios con cuidar niños a cinco euros la hora para pagar una habitación en un piso compartido, mientras llamaba a la puerta de las salas de cantautores. La oportunidad apareció en un concierto de Luis Ramiro, que durante un descanso preguntó si alguien del público quería subir al escenario. Ella levantó la mano, y después de escucharla él medió para que le dieran fecha en la sala.
Mirando atrás, agradeció haber podido tocar con algunos de sus ídolos, seguir trabajando casi con el mismo equipo desde el principio y que su discográfica haya respetado su manera de hacer, que la lleva igual a cantar ante el Papa que a un festival punk.
El parón y el miedo al olvido
La parte más personal fue la del desgaste. Rozalén contó que la presión, la de fuera y la propia, y el volumen de trabajo acabaron desbordándola, y admitió que tiene miedo a que la olviden y a que dejen de interesar las cosas que canta. Para recuperarse ha tenido que parar, y de ese tiempo se lleva una idea: que hasta lo bueno hay que digerirlo. No hay fecha para la vuelta; por ahora, dijo, su nueva experiencia será la maternidad.
También habló de actualidad. Defendió el derecho de los artistas a opinar como cualquier ciudadano, lamentó la falta de diálogo entre quienes piensan distinto y se refirió a la vivienda, con un recuerdo a una mujer mayor desahuciada en Madrid y a los jóvenes que se movilizan por un alquiler digno.

Final con fandangos y noche en La Moneda
En el turno de preguntas recomendó a artistas como Milo J, Judeline o Biznaga, y un asistente le dio las gracias «por ser buena persona», más que por la música. La tarde terminó como tenía que terminar: con Rozalén y Collado cantando fandangos entre el público.
La jornada se cerró de madrugada en el Pub La Moneda, con la sesión de Ventu & Peluca —Peluca es el propio Collado—, que recuperó la música que sonaba en salas como la Babylon de Cuenca.

Lo que queda del ciclo
- Sábado 17 de octubre: «Conversaciones con Julián Hernández: Sentadito y Callao», con el líder de Siniestro Total y la periodista Sara Morales, a las 19:00 h en la Fundación Antonio Pérez. A las 23:30 h, sesión DJ «Interzone» de Sara Morales en La Moneda.
- Viernes 23 de octubre: concierto de Inspector Harry, que presenta «Terciopelo Rosa», a las 22:00 h en el Pub Los Clásicos.
Todas las actividades tienen entrada libre hasta completar aforo.


