El Silencio desafía al frío y a la lluvia y Cuenca responde echándose a la calle para arropar a sus hermandades
“El Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás”. Así dice el Libro del profeta Isaías, en su lectura correspondiente a este Miércoles Santo. Y, como si lo hubiera escrito el profeta para Cuenca, pensando en una futura noche de Silencio como la de este abril, las hermandades cumplieron con la voluntad del Señor y, desafiando al frío y a la lluvia, dejaron testimonio de un profundo acto de fe y de amor a nuestra Semana Santa, pues ni siquiera las bajas temperaturas y las lloviznas consiguieron mermar la participación (salvo el tramo final del desfile).
Si el Martes Santo la situación meteorológica era inestable – como mandan los cánones primaverales y abrileños –, no lo era menos el Miércoles Santo. Las reuniones entre hermandades, presidente ejecutivo y presidente de la Junta de Cofradías se sucedieron, en la coreografía acostumbrada cuando no hay más certeza que Cristo. Alrededor de una hora antes de la salida, el cielo empezó a despejar y, con la previsión en la mano, se acordó que la procesión partiría a su hora desde San Esteban y con desarrollo normal.
En la Plaza de la iglesia y toda la calle Aguirre, en la que formó y redobló puntual la Banda de la Junta de Cofradías, no cabía un alma. La salida de la Oración y el Judas fue rápida, elegante y bella. Con el resonar de los primeros golpes de horquilla del Silencio se fueron animando los corazones, de los nazarenos y del público, compungidos desde el día anterior. Escuchó el Judas en su salida el Himno Nacional, interpretado por la Asociación Musical ‘La Concepción’, de Horcajo de Santiago, quien en un guiño al 120 Aniversario interpretó acto seguido De la traición a la victoria, la marcha estrenada por la efeméride. Un año más, la Guardia Pretoriana de la Pasión Viviente de Tarancón escoltó al Señor en su Prendimiento.
Ambas hermandades partieron de San Esteban con largas filas de hermanos, si bien cabe destacar especialmente al Huerto; para hacerse una idea, sirva decir que, en la subida, toda la extensión de la calle Las Torres entre la Puerta de Valencia y el Palacio Provincial la ocupaban a su paso por el tramo hermanos de la Oración, en filas que no parecían tener fin.
El cortejo subió a buen paso, dejando estampas emotivas y de gran belleza, como el momento en que los banceros giraron a la Oración en el azulejo de la hermandad hermana del Huerto de San Antón, en memoria de los difuntos y este año, muy especialmente, por Pedro Antonio Ruiz Abarca y Marisa Aguilar. La Banda de la Junta de Cofradías llegó a la Plaza del Salvador, para rendir emotivo homenaje en forma de marcha a Ntra. Sra. de la Amargura con San Juan Apóstol hacia las 19:35 horas. Toda la subida era un mar de gente en las aceras, muy especialmente en El Salvador y San Felipe.
Mientras, en la Catedral, los hermanos de la Santa Cena daban los últimos toques al paso y terminaban de preparar su salida procesional, muy especial este año por el estreno de un juego de platos en la mesa del misterio eucarístico, obra del ceramista conquense Pedro Mercedes. Con la tarde cayendo, el sol fue asomándose menos tímidamente entre las nubes grises que cruzaban la ciudad. En la iglesia de San Pedro, también se preparaban los hermanos de las tres hermandades que bajan del templo. A las 20:38, con la Banda de la Junta de Cofradías ya encarando arcos del Ayuntamiento, abrió el representante de La Negación las puertas de San Pedro para sacar a la calle el paso.
Hacia las 20:50 estaba ya en borriquetas, mientras la Oración encaraba arcos, bailando como sus banceros saben. Cinco minutos después, los banceros del San Pedro empezaron a sacar también el paso, dirigidos por su capataz. En ese momento empezó a chispear y, al ver que alcanzaba cierta fuerza – que no llegó a ser intensa, pese a la persistencia – se decidió dejar el paso dentro del templo… y esperar. El consiliario de La Negación, Pedro José Ruiz, ofició misa mientras fuera se abrían los paraguas. La chubasca se prolongó durante alrededor de una hora, con diferente intensidad, sin llegar a ser en ningún momento fuerte. Propició, eso sí, que se vaciaran en parte la Plaza de San Pedro y la Mayor. Bajo la lluvia llegaron a borriquetas la Oración y el Judas.
La Madre, Nuestra Señora de la Amargura con San Juan Apóstol, que salió espléndida hacia las 20:30 horas con Camino de Lágrimas en la Agrupación Musical ‘San Clemente de la Mancha’, llegó a la Plaza Mayor con las tallas cubiertas, para preservar madera y mantos de la humedad en lo posible. Hacia las 21:30 horas encaró arcos y una plaza algo diezmada y cubierta de paraguas, redoblando ya y formada ante la Madre la Banda de la Junta de Cofradías, que le abrió paso hasta el Obispado, como acostumbra, para terminar recibiéndola con El Sacramento de nuestra Fe.
Se vivieron momentos de incertidumbre. Con la Amargura resguardada y las cabeceras de la Oración y el Judas protegidas con plásticos, en San Pedro volvió al interior del templo La Negación, una vez concluida la misa. Alrededor de las 22 horas, dejó de llover. Y, como si hubieran escuchado la voz del Señor, tal y como profetizó Isaías, las hermandades del Silencio decidieron escenificar un acto conjunto de fe y desafiar a la primavera.
El cortejo inició su bajada pasadas las 22:15 horas, encabezado por la Cruz parroquial y la cabecera de presidencia del Judas, que por precaución hizo un tramo de la bajada protegida con plásticos. Volvería a llover al alcanzar el Monumento al Nazareno y cuando estaba San Pedro haciendo el homenaje a los difuntos en La Hispanidad, para escampar finalmente tras las despedidas en Diputación. Esto propició que le retirasen los plásticos a San Juan y la Virgen en la Puerta de Valencia y completaran su recorrido sin tapar. La temperatura, que había bajado sensiblemente hacia las 21 horas, se volvió más agradable, cosa que agradecieron quienes acompañaron al Ecce-Homo y la Amargura hasta San Andrés y El Salvador (en mayor número en las filas que en las aceras).
La bajada fue muy bonita, pese a algunos cortes en Puerta de San Juan y algunos momentos del paso por las curvas de la Audiencia. El más significativo tuvo lugar entre el Judas y el San Pedro Apóstol en la llegada a Diputación, si bien el cortejo fue compacto tanto por la cabecera, como por el cierre de La Amargura. Alcanzó la cabecera del San Pedro la Plaza Mayor hacia las 23 horas, con el Judas ante arcos bailando con Costalero en la de Horcajo, la Oración hacia Alfonso VIII – antes había pasado bailando bajo arcos con Nuestro Padre Jesús en la Banda de Cuenca, que les acompañó a la bajada, como es habitual – la Santa Cena en la parte ancha del Alfonso VIII y la Cruz de Guía en San Felipe, con la Banda de la JdC redoblando tras ella.
San Pedro entró en la Plaza Mayor con Concha, interpretada por la Asociación Musical Moteña y, mientras el Judas escuchaba El Evangelista en la anteplaza, escucharon los banceros del apóstol Jerusalén. La Negación llegó bajo arcos hacia las 23:26 horas, con la cabecera del Ecce-Homo ya en la Plaza Mayor. Hubo un momento en que el San Pedro bajo arcos y La Negación en la Plaza llevaban el mismo paso exacto. Y fue muy bonito. Espléndida fue la entrada del Ecce-Homo en la Plaza, resonando sobriamente las horquillas en el pavimento. La Madre salió del Obispado hacia las 23:35 horas.
En San Felipe Neri escucharon las Sagradas Imágenes al Coro del Conservatorio, dirigido por Jesús Mercado, quien se encontraba en el Peso con Madre de Dios a la subida, disfrutando del Silencio como uno más. Con la Banda de la Junta de Cofradías haciendo maniobra de cruce en la Trinidad pasados cinco minutos de las doce, al susurro y con toque de turba en los palillos, y la Madre camino de San Felipe, hacia la medianoche toda la bajada era procesión. Acompañó en las aceras de todo el recorrido hasta Diputación el público que faltó en la Plaza Mayor.
La Cruz de Guía entró en Carretería hacia las 00:30 horas. Antes, en Calderón de la Barca, la Banda de la JdC interpretó la Saeta. En Carretería sonó la muy apreciada Caridad del Guadalquivir. La Banda finalizó su participación con Pasa la Soledad para la despedida de la Santa Cena en Aguirre, hacia la 01:15 de la madrugada. Extraordinaria participación, una más, de nuestra banda nazarena, que no solo sonó mucho y muy bien: también volvió a dar una lección de comportamiento y respeto durante todo el recorrido y fueran cuales fueran las circunstancias. Su director, Francisco Javier Poyatos, aún aguantaría hasta el paso de la Amargura por Aguirre, para escuchar Siempre la Esperanza en la sanclementina.
La Oración entró en San Esteban, tras bailar en la plazuela, hacia la una y media. Unos 10 minutos después lo hizo el Judas, sonando una vez más De la traición a la victoria en la horcajeña. Los rostros de felicidad de los hermanos al ir quitándose el capuz daban idea de lo arriesgado de la apuesta y lo importante de la victoria. El San Pedro homenajeó a sus difuntos hacia la 01:50 horas, en el monumento a los caídos. Sonó la Muerte no es el final y lo hizo, muy especialmente, por Jesús Sáiz, antiguo representante de la Hermandad fallecido el año pasado, persona buena y muy querida en la Semana Santa. Desde la procesión eterna, qué orgulloso se sentiría del buen desfile de los suyos. Terminó San Pedro con la Saeta en Aguirre, ante el gentío, hacia las dos de la madrugada.
El Ecce-Homo se despidió de La Negación, meciendo ambos pasos al son, hacia las dos y diez. La Amargura hizo lo propio hacia las dos y veinte. A partir de aquí, una vez finalizada la calle Aguirre, ambas hermandades continuaron desfile hasta San Andrés y El Salvador, respectivamente. No acompañó mucha gente, pero el desfile fue igualmente íntimo y bonito, con lo que quedaba del cortejo muy junto. La moteña dejó al San Pedro para ubicarse tras el Señor y así, en comunión, subieron hacia su final. Sonaron en este tramo muy bien tanto la banda de Mota como la de San Clemente, reflejo de lo que fue toda su participación. Ambas, junto con Horcajo, trajeron un repertorio muy cuidado y bien interpretado, además de gran cantidad de músicos, lo que hizo que sonaran redondas y grandes en todo el recorrido. Como son ellas. Además, en los momentos de lluvia permanecieron sus integrantes en su sitio, serios y profesionales. Mostraron en fin, un año más, que han entendido muy bien lo que es la Semana Santa de Cuenca.
La Amargura entró con el Himno Nacional en El Salvador hacia las 3:40 horas. Poco menos de 10 minutos antes sonó en San Andrés el Himno para el Señor, que subió con He aquí el hombre, la marcha de López Calvo. En El Salvador, los banceros volvieron el paso por completo hacia San Vicente, en homenaje. Y con ambos en sus respectivos templos de llegada, concluyó el desafío y el acto de fe que llenó de Silencio las calles de Cuenca e hizo olvidar el sinsabor de 2024. Porque, continuando con el Libro de Isaías, las palabras de aliento con las que el Señor conforta al abatido las pronuncian, a veces en Cuenca, las horquillas de los banceros.
En la presidencia institucional, el representante de la V. H. y C. de Nazarenos de San Juan Apóstol Evangelista: Juan Vicente Langreo, y Alberto Castellano, concejal de Festejos, Juventud, Participación Ciudadana, Barrios y Pedanías, y Medio Ambiente del Excmo. Ayuntamiento de Cuenca.
Y en el capítulo de estrenos y novedades, la Santa Cena estrenó una colección de platos del ceramista conquense Pedro Mercedes. Cada pieza es diferente y sus motivos corresponden a la simbología de cada Apóstol y del propio Jesús. Cada una de las piezas tiene un diámetro de 17 centímetros, menos la correspondiente a Cristo, que es un poco más grande: 23 centímetros de diámetro. Lo más significativo de la colección es la elegante elaboración de todos los platos: hacen gala de todas las características propias de la mejor obra del ceramista conquense. Además, estrenaron las almohadillas de los banzos, diseñadas y confeccionadas por el hermano y bancero durante muchos años José Luis Ruipérez. Como experto tapicero y bancero, ha diseñado las almohadillas para mejorar la adherencia y adaptación al banzo.
El Huerto de San Esteban portó por primera vez en Semana Santa el cetro de Capataz de banceros con el remate diseñado y donado por Pedro Joyeros por el Centenario fundacional, celebrado en 2024. Consiste en la cruz del emblema de la Hermandad, flanqueada por las alas del ángel y ramas de olivo. Además, la imagen de Jesús llevó un nuevo cordón, regalo de un donante anónimo, y que fue bendecido el Miércoles Santo de 2024, durante el acto de homenaje en San Esteban, al no poder desfilar la procesión por la lluvia. Y las tallas del conjunto escultórico han sido restauradas para garantizar su correcto mantenimiento, así como se han restaurado las andas. Los banceros estrenaron horquillas en madera de haya y con la cabeza plana.
En el San Pedro Apóstol se ha modificado y mejorado la estructura de las andas a fin de repartir mejor el peso. El incienso que llevó el Santísimo Ecce-Homo en la procesión lo ha donado una familia de la hermandad, familia Page Pérez; lo trajeron directamente de su experiencia haciendo el Camino de Santiago y es el mismo que se utiliza en el botafumeiro de la Catedral de Santiago. Y la Amargura estrenó dos cetros de plata diseñados y elaborados en el taller de Pedro Joyeros y donados por hermanos y hermanas.
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Fuente y más información en www.juntacofradiascuenca.es


