La nieve obliga al Perdón a terminar en la Catedral tras una preciosa subida
El Martes Santo amaneció en Cuenca raro, con chubascos ora de agua, ora de nieve, ora de tímido granizo que mantuvieron a los nazarenos con el alma en vilo. Hacia las tres de la tarde la nieve arreciaba, pero hacia las 16 horas escampaba, se alzaban las nubes y brillaba tras ellas un sol como el de los mejores Martes Santos. Con estos mimbres, reunidos en la sede de la V. H. del Stmo. Cristo de la Luz los representantes de las cinco hermandades del Perdón, el presidente ejecutivo del desfile y el presidente de la Junta de Cofradías, al filo de las 18:30 horas se decidía salir a las 19 horas, tal y como estaba previsto, tras deliberación y en vista de que el cielo estaba completamente despejado.
Tras el anuncio, efectuado a través de los canales oficiales de la institución nazarena y de las cinco hermandades, los nazarenos, que hasta ese momento se habían ido congregando en los templos de salida algo más tímidamente que en otras ocasiones, se echaron en masa a la calle para acompañar a sus Sagradas Imágenes en la subida. En San Pedro, mientras tanto, los hermanos del Bautismo participaban en la misa previa a la procesión.
Con un sol radiante pese a las bajas temperaturas y una participación que nada tuvo que envidiar a la de años anteriores, la subida del Perdón fue preciosa ya desde las salidas. Muy emocionante, como siempre, la bajada a brazo de Ntro. Padre Jesús Nazareno de Medinaceli, en ese primer abrazo que cada año le dan sus banceros. No menos emocionante fue este año el primer toque de las heráldicas del San Juan Bautista, pues por primera vez hubo una mujer entre quienes anuncian el paso del Precursor. La salida del Bautista fue fluida y rápida; también la de María Magdalena, elegante y dulce en su paso desde el principio, sonando su marcha en la Banda Municipal de Música de Las Mesas.
Mientras las larguísimas filas dobles de esclavos del Medinaceli y sus cientos de penitentes llenaban toda la subida, arropadas por el buen hacer y bien sonar de la Banda Municipal de Música de Cuenca, las también muy largas del Bautista y la Magdalena se acomodaban entre Solera, el Peso y Andrés de Cabrera, con la Banda de la JdC dándole la réplica a las heráldicas. Protagonizó por cierto una de las anécdotas de la subida la Banda nazarena, en concreto uno de sus integrantes más jóvenes, quien se tenía que retirar entre lágrimas a mitad de subida.
En el interior de San Andrés, las luces se apagaban y las velas votivas se encendían – y con ellas, tantos recuerdos y promesas – para que el Coro de la Capilla de Música de la Catedral regalase un año más a los banceros y portainsignias de la Madre del Perdón el momento íntimo con el que empiezan su desfile. La Virgen salía ante una multitud poco después, para recibir de nuevo el consuelo de las voces del Coro de la Catedral ya en el frío de la plaza de San Andrés. Desfiló escoltada por la Policía Nacional.
La subida, atardeciendo, regaló momentos de gran belleza por parte de los banceros de las cuatro hermandades. Destacable también la numerosísima presencia de niños en todas las filas, desafiando al frío y a la inestabilidad meteorológica. Y gran mérito el de las bandas de música que acompañaron en esta noche de Perdón, pues tocar con temperaturas tan bajas como las de este Martes Santo añade un extra de dificultad y un punto de épica. Y a fe que sonaron muy, muy bien.
Mención especial a la Agrupación Musical Moteña, que sonó mucho y muy bien durante toda la subida. También a la Municipal de Música de Cuenca, que ofreció en la subida un bonito repertorio para el Medinaceli: se escuchó en la salida la marcha que le compuso Julián Aguirre al Señor y Danos tu Paz en la entrada a la Plaza Mayor. Para María Magdalena, además de su marcha, sonó Cristo de la Luz, siguiendo la que es ya una tradición de Martes Santo en recuerdo del Stmo. Cristo de los Espejos. Y para María Stma. de la Esperanza sonó, entre otras en la subida, Mater Mea, una de las marchas que mejor se ajusta a la forma de desfilar de Cuenca.

Con el Medinaceli y San Juan Bautista ya en la Plaza Mayor, pasadas las 20:30 horas, comenzó a lloviznar muy ligeramente, lluvia fina que tornó en fuerte al filo de las 21 horas y con la Virgen de la Esperanza ya bajo arcos del Ayuntamiento. En ese momento se abrieron las puertas de la Catedral para que los banceros resguardaran a las Sagradas Imágenes en el interior de la Basílica, mientras la Esperanza aguardaba a que escampase para caminar hasta el Obispado y en el interior de San Pedro aguardaba el Bautismo.
A las 21:05 y tras la pertinente reunión, el presidente ejecutivo del Perdón, Mariano López, hacía oficial la suspensión de la procesión. La lluvia dio la tregua suficiente para que la Esperanza se resguardase en el Palacio Episcopal y luego tornó en nieve que poco a poco fue arreciando, mientras en el interior de la Catedral los banceros del Bautista, el Medinaceli y la Magdalena los ubicaban de la mejor manera para interrumpir lo menos posible la actividad en el Templo del que este Miércoles Santo tiene prevista su salida la Santa Cena para encabezar la procesión del Silencio.
Se vivieron en el interior de la Catedral momentos de intensa emoción: hermanos que secaban y limpiaban las Sagradas Imágenes, otros que ayudaban a colocar borriquetas, otros que se fundían en el abrazo de quien comprende y acepta aunque le duela. Los banceros del Bautista no se resistieron a llevar a borriquetas al Precursor con su paso de entrar bajo arcos y subir por Alonso de Ojeda y San Vicente, tampoco a terminar con ese vigoroso viva que, este año, fueron dos. Los de la Magdalena y el Medinaceli ubicaron a sus Titulares juntos, muy cerca del Transparente. Finalizaban el Perdón rezando juntos un padrenuestro dirigido por Pedro Antonio Ruiz, quien despidió a los presentes dándoles la bendición, mientras que los esclavos del Medinaceli le cantaron el miserere que en los Oblatos no escuchó. También en San Pedro cantaron los hermanos del Bautismo el miserere para su Titular, con la emoción a flor de piel y resonando tal vez en el corazón de cada uno el motete Bautizando a Jesús, que debería haber sonado en San Felipe de haber podido completarse la procesión.
Aunque, tal vez, por encima de todos los gestos y momentos, lo que mejor define este Perdón que subió para no bajar y en el que rompió a nevar para no dejar, sean las palabras de Mariano López al anunciar a los hermanos qué hacer a partir de la suspensión para devolver con la mayor rapidez y dignidad a las Sagradas Imágenes a sus templos: “Nos ayudamos todos ¿eh? Banceros de unos y de otros, nos ayudamos todos”. Ésa es, tal vez, la mejor enseñanza que una noche de Perdón como la que hemos vivido nos puede dejar.
En el capítulo de novedades, estrenos y otros detalles del desfile, el San Juan Bautista estrenó un Guión más pequeño que el que preside la Cabecera de la Hermandad, destinado a acompañar a los hermanos y hermanas en bodas y funerales. El Bautismo no llegó a estrenar en la calle unas elegantes gualdrapas adaptadas por el taller de Macarena Sanz a partir de un frente de altar de mediados del siglo XIX y utilizado en la solemnidad de Pentecostés; está elaborado con hilo y flecos de plata fina sobre terciopelo de sedas en rojo sangre. La Hermandad tenía previsto estrenar también una pareja de incensarios de metal sobredorado y la correspondiente naveta, aunque este año no pudo ser.
María Magdalena desfiló vestida con el vestido y manto diseñado por Eduardo Ladrón de Guevara y estrenando enaguas. Finalmente, las andas de María Stma. de la Esperanza desfilaron reformadas: se ha sustituido la estructura de acero antigua de las andas por una nueva de aluminio y se han cambiado los banzos de madera por unos mucho más ligeros también de aluminio, que ha supuesto una reducción del peso de las andas de alrededor de 200 kgs. Con la reforma que se ha hecho, a partir de ahora los cuatro frontales, o respiraderos, que conforman las andas se pueden montar y desmontar con facilidad, lo que va a facilitar la conservación y va a permitir tener las andas expuestas en la futura Casa de Hermandad. Además, por la nueva disposición de los abarcones, han desfilado este año dos banceros más, hasta un total de 38.
Protagonismo también para los arreglos florales del Bautismo (que no llegó a salir a la calle, pero lució impresionante en San Pedro), el Medinaceli y María Stma. de la Esperanza. El arreglo del Bautismo recuperó los cítricos como protagonistas, en un arreglo precioso a base de rosas rojas, limas naturales, hypericum verde, eryngium azul, crisantemo feeling green, craspedia roja teñida y helecho. El exorno de Ntro. Padre Jesús Nazareno de Medinaceli ornamentó en tonos blancos y morados los dos pisos de las andas, en una disposición muy lucida y elegante. Y María Stma, de la Esperanza, ataviada con un tocado realizado con mantilla en tono beige, repitió flores de cera en el frontal, como en años anteriores, en una una composición clásica en jarras, esquinas y frisos, a base de rosas, orquideas, alstroemeria e hypericum, todo en blanco, alternando pinceladas de verde con hypericum verde y craspedia preservada en verde. Mención especial para la candelería natural este año, pues hizo toda la subida encendida en todo momento, pese a las inclemencias meteorológicas.
Los representantes lucieron lazo negro por Jesús Saiz, así como el representante del Huerto de San Antón, que ostentó la presidencia institucional junto con el concejal de Urbanismo, Adrián Martínez Vicente. Acompañó al Bautista una representación del Colegio Oficial de Veterinarios. También celebró la V. H. del Stmo. Cristo de la Luz su homenaje en recuerdo a los hermanos difuntos momentos antes de salir la procesión y en el interior del Salvador, con la participación habitual de los vientos de la Banda de Las Mesas.
Galería gráfica: Águeda Lucas // Crónica: Berta López

Fuente y más información en www.juntacofradiascuenca.es

