CIENCIA Y TÉCNICA EN CASTILLA-LA MANCHA. Diccionario biográfico (nombres y hechos)

Coordinada por el profesor de la Universidad regional Enrique Díez Barra y el director de Almud Ediciones Castilla-La Mancha, Alfonso González Calero nos llega Ciencia y Técnica en Castilla-La Mancha. Diccionario biográfico (nombres y hechos) . Una obra en la que han colaborado más de 70 personas y que reúne más de 320 entradas biográficas de personas nacidas o muy vinculadas a la región entre los siglos XI y XX.

                Empezaremos por establecer un lugar común, uno de esos tópicos que, a fuerza de repetirlos, llegan a tomar carta de naturaleza y se consolidan como fuente de certezas. La nuestra, la tierra en que vivimos, es un espacio apropiado para literatos y artistas en general, sobre todo gente imaginativa, fantasiosa, un poco al estilo del Quijote, paradigma de todo lo existente en el territorio hoy conocido como Castilla-La Mancha. Eso, una realidad indiscutible, parece incompatible con el rigor, la seriedad, la sistematización en el trabajo, que corresponde a los científicos. Aceptando esas premisas, parecería empresa condenada al fracaso intentar hacer un diccionario sobre semejante tema. Como quien está detrás de la editorial Almud tiene mucho de quijotesco, tal proyecto surgió hace unos meses y en un tiempo que parece admirable, Alfonso González-Calero ha conseguido movilizar un eficaz número de colaboradores que han sabido y podido dar forma a este grueso volumen amparado en el título de Ciencia y Técnica en Castilla-La Mancha. Diccionario biográfico (nombres y hechos) cuya primera originalidad, aparte la elección temática, es la de combinar nombres propios de personas con otros referidos a instituciones, centros académicos y fábricas.

            Con todo ello los coordinadores de este libro, el propio González-Calero y Enrique Díez Barra han conseguido dar forma a un repertorio que sorprende tanto por el quizá inesperado número de entradas como por la variedad temática de sus componentes, hasta llegar a dar la impresión de que la actual Comunidad castellano-manchega, en contra de lo que se podría suponer, de acuerdo con el ya mencionado tópico, ha sido y es un auténtico emporio de científicos que en distintos campos de investigación han sabido destacar de manera considerable. Por esas páginas desfilan, en amigable connivencia, médicos, farmacéuticos y veterinarios, botánicos, biólogos y naturalistas, ingenieros, químicos, físicos, geógrafos, fotógrafos e incluso un cineasta experimental de sólido prestigio, sin olvidar personajes históricos pertenecientes a los tiempos medievales, musulmanes incluidos.

            Entremezclados con los nombres de personas, siguiendo el riguroso orden alfabético que es propio de un Diccionario, aparecen referencias a entidades de muy variado signo, destacando las de rango universitario, casi todas ellas de moderna implantación, como es lógico teniendo en cuenta la juventud de nuestra Universidad, pero también instalaciones fabriles, algunas de avanzada tecnología y otras de estructura tradicional, como corresponde a los Molinos de Papel o las históricas salinas que tuvieron vigencia en varias zonas del territorio, singularmente en la provincia de Cuenca que, por otro lado, se encuentra muy bien representada, con un interesante repertorio de personas en el que se pueden encontrar nombres muy conocidos, desde Alonso Chirino y Eugenio Torralba, hasta Ángel del Campo Cerdán o Jesús Morcillo Rubio, por citar unos elementos de referencia pero en el que abundan otros muchos que han sido sepultados por el implacable paso del tiempo para resurgir ahora de ese olvido y encontrar un hueco de justo reconocimiento.

            Un Diccionario es, básicamente, un libro de consulta y esa será, con toda probabilidad, la función que espera a este volumen, el de estar siempre a mano y a la vista para poder acudir a él en ese momento de apuro en que hace falta un dato, una referencia, pero aparte esa innegable utilidad, se puede asegurar que en estas casi 600 páginas hay suficientes motivos para encontrar solaz en la lectura y constantes motivos para la sorpresa porque, verdaderamente, en su interior encontramos un amplio repertorio de sugerencias, de sorpresas, un auténtico descubrimiento de un mundo que quizá no se podía imaginar y que ahora queda desplegado en toda su amplitud. Tierra de artistas y literatos, sí, pero también de científicos.

Texto de José Luis Muñoz.

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